De Cotopaxi al mundo: la campesina kichwa que ganó el Premio Nobel de la Agricultura
Josselyn Vega, de 29 años, creció sin agua en San Isidro de Pujilí y hoy es la primera ecuatoriana en recibir el World Food Prize, el galardón más importante de los sistemas alimentarios del planeta

Foto: El Comercio
Josselyn Vega Rojas comenzó en San Isidro, una comunidad kichwa de Pujilí, en Cotopaxi, donde creció sin agua de riego, entre la pobreza y la lucha. Hoy, a los 29 años, es la primera ecuatoriana en ganar el Premio Mundial de la Alimentación, conocido como el Nobel de la Agricultura, y lo recibirá en octubre de 2026 en Iowa, Estados Unidos.
San Isidro fue durante décadas una hacienda. Con la reforma agraria, las tierras se repartieron entre las familias indígenas huasipungueras, pero el acceso al agua tardó mucho más en llegar. Vega creció viendo cómo la falta de riego empobrecía a su comunidad. Esa carencia la marcó para siempre y se convirtió en el motor de su activismo.
A los 16 años ya era promotora rural. A los 20, se convirtió en secretaria de su comunidad y fue parte del grupo que peleó durante años por la construcción de un canal de riego de 24 kilómetros que hoy abastece a San Isidro. No fue solo burocracia: caminó mingas, cuidó el páramo comunitario y aprendió en la práctica el peso de cada turno de trabajo colectivo.
Hoy, Vega maneja junto a su esposo Milton Guamán la Granja Agroecológica Kay Pacha, donde cultiva lechugas, zanahorias, pepinos, rábanos y decenas de productos libres de químicos. Pero con el tiempo se hizo una pregunta que cambió el rumbo de todo: producir alimentos sanos estaba bien, pero ¿quién los compraba?
De esa pregunta nació, en junio de 2017, la feria De la mata a la olla. Empezó con ocho mujeres. Hoy la integran 120 productoras que venden cada lunes y jueves en un predio del Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi. El camino no fue fácil: en el mercado de Latacunga las maltrataron, las sacaron a la calle bajo la lluvia y apenas lograron vender 25 centavos en su primera jornada. En Pujilí el Municipio les clausuró el espacio. Siguieron de todas formas.
Cuando alguien la felicita, Vega tiene una frase que repite siempre: «Yo soy el rostro». Y enseguida nombra a la comunidad, a la asociación, a las más de cien mujeres que trabajan junto a ella. Ese gesto resume su forma de entender el liderazgo: desde la colectividad, no desde el ego.
Quienes la conocen la describen como menuda, curiosa, rigurosa en la chacra y con un liderazgo hecho de preguntas más que de órdenes. En su primer viaje internacional, a una cumbre en Camboya, tomaba fotos de plantas y se quedaba mirando a los pájaros. «Libro que le entregas, libro que te lee», dice Rosa Rodríguez, de la Fundación Heifer, que acompaña a San Isidro desde hace años.
La noticia del World Food Prize la tomó por sorpresa. Al principio no dimensionaba del todo su importancia. Fueron las llamadas y los titulares de los medios los que le fueron revelando el peso de lo que había ganado. Este año, entre los 40 pioneros del sistema alimentario reconocidos por el galardón, hay investigadores de papa, yuca, biotecnología e inteligencia artificial aplicada a la agricultura. Hay una sola mujer campesina. Es ecuatoriana. Es de Pujilí.
La ceremonia será del 20 al 22 de octubre en Iowa. Vega subirá al escenario y, fiel a su costumbre, dirá que el rostro es suyo pero que el trabajo es de todas.
Autor: Katty Vargas – Practicante del Sistema Integrado de Medios (SIM).