Bolivia al borde del colapso: protestas, crisis económica y tensión política sacuden al país
Bloqueos, desabastecimiento y enfrentamientos mantienen a Bolivia en estado de alerta mientras el gobierno de Rodrigo Paz enfrenta crecientes reclamos sociales y presión internacional.

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Bolivia atraviesa una de las crisis políticas, sociales y económicas más graves de los últimos años. El conflicto comenzó tras la aprobación de la Ley 1720, impulsada por el gobierno de Rodrigo Paz, que modifica el régimen de tierras comunitarias y permite nuevos esquemas de monetización y recategorización de propiedades rurales. Organizaciones indígenas y campesinas consideran que la medida amenaza los derechos históricos sobre territorios colectivos y favorece principalmente a grandes sectores agroindustriales.
Las primeras movilizaciones surgieron en regiones como Beni, Pando y Santa Cruz, pero en pocos días las protestas se extendieron a gran parte del país. A las organizaciones campesinas se sumaron sindicatos obreros, transportistas, trabajadores mineros, docentes, estudiantes y sectores populares de ciudades como La Paz, El Alto y Cochabamba, convirtiendo el conflicto en una protesta nacional contra la gestión del gobierno.
Los manifestantes mantienen bloqueos de carreteras y accesos estratégicos, afectando el transporte de alimentos, combustibles y productos básicos. En varias ciudades ya se reportan largas filas en estaciones de servicio, incremento de precios en mercados, escasez de algunos productos y dificultades para el traslado de medicamentos y oxígeno medicinal. La situación golpea especialmente a La Paz y El Alto, que dependen del abastecimiento proveniente de otras regiones.
La crisis también refleja el deterioro económico que enfrenta Bolivia. El país atraviesa una caída de reservas internacionales, escasez de dólares, desaceleración económica y aumento de la inflación. Además, las medidas de ajuste adoptadas por el gobierno, entre ellas la reducción de subsidios a combustibles, provocaron un fuerte incremento en los costos del transporte, alimentos y servicios básicos, afectando principalmente a sectores populares y clase media.
Otro de los factores que alimenta el conflicto es la sensación de exclusión política de diversos movimientos sociales y organizaciones indígenas, que consideran que el actual gobierno y el Congreso no representan sus intereses. Analistas señalan que la fragmentación política y la falta de canales de diálogo institucional empujaron nuevamente el descontento hacia las calles.
Frente al crecimiento de las movilizaciones, el Ejecutivo reforzó la presencia policial y militar en distintos puntos del país para contener las protestas y desbloquear rutas. Los enfrentamientos dejaron muertos, decenas de heridos y cientos de detenidos. Mientras el gobierno denuncia intentos de desestabilización y actos violentos organizados por grupos opositores, organizaciones sociales y organismos de derechos humanos cuestionan el uso excesivo de la fuerza y denuncian persecución política contra dirigentes sindicales.
En medio de la crisis, Evo Morales volvió a ocupar un papel central en el escenario político. El exmandatario respaldó públicamente las movilizaciones, acusó al gobierno de favorecer a sectores empresariales y criticó la militarización del país. Desde el oficialismo aseguran que Morales busca recuperar protagonismo político y aprovechar el conflicto para debilitar al Ejecutivo.
La situación ya genera preocupación internacional. Diversos gobiernos, organismos regionales y la Organización de los Estados Americanos pidieron preservar el orden democrático y promover una salida negociada. Sin embargo, hasta el momento no existe una mesa de diálogo sólida ni señales claras de solución, mientras aumentan la tensión social, la polarización política y el riesgo de una crisis institucional de mayor magnitud.
AUTORA :SILVIA LARA – Precticante Del Sistema Integrado De Medios